Sobre ir despacio (e Intermnemosis)

En la vida me gusta ir despacio, y eso significa que siempre llego tarde. Empecé a enterarme de cómo relacionarme con los otros niños cuando mis compañeros ya se sabían todas las triquiñuelas para darme tres vueltas antes de que yo me percatase. Empecé a intuir qué era tener amigos cuando ya terminó esa etapa de aprendizaje del colegio, comencé a conocer la amistad verdadera cuando la gente de mi edad ya me llevaba una niñez de ventaja, y no fue hasta los veintipico que saboreé por fin la sensación de sentirme integrada en un grupo hasta el punto de poder ser yo misma, sin vergüenzas ni complejos. Empecé a mostrar interés por salir de fiesta cuando la gente de mi edad ya empezaba a cansarse de ello. No me di permiso para enamorarme hasta que me fui de casa, di mi primer beso cuando los demás ya habían perdido la virginidad había mucho. La edad a la que empecé a aceptarme y quererme me la guardo, porque es un proceso complicado. La edad a la que empecé a perder el miedo a vivir, también.

No sé si es el miedo lo que me hace caminar tan despacio. Es verdad que ciertas cosas sí llegaron demasiado pronto. La primera vez que me paralizó el terror por la consciencia de existir y de dejar de hacerlo algún día. La primera vez que perdí a alguien de verdad importante. La primera vez que me sentí tan sola, con ese abalorio azul rebotando entre los muros macizos de mi mente sin poder salir, que solo quería que todo pasase rápido.

Imagen propia

Con todo, creo que no me está yendo mal. Aprendí que, si consigues olvidar todos los letreros de neón que te dicen lo contrario, al final no pasa nada por ir despacio; si la dirección es la correcta, acabas llegando igualmente. Tardes más o menos en comprender ciertas cosas o en experimentar ciertas otras, resulta que hay tantas maneras de vivir como personas en este planeta. Y la tuya es válida, aunque te salgas del camino directo y des un rodeo, aunque necesites unos años para estirar bien las piernas antes de echar a andar. Aunque, mientras todo se desmorona a contrarreloj, necesites detenerte a escuchar el vaivén de las olas junto a la orilla y entender lo que te dice el mundo, aunque lo que te susurren las profundidades abisales no se ciña a las palabras con las que te intentaron enseñar a hablar.

En Intermnemosis hay bastante de ir despacio. Es frecuente encontrar en ciencia ficción esta inquietud, la idea de prescindir de todo lo lento e inútil cuando el tiempo se acaba, cuando el rendimiento y la optimización son una prioridad para sobrevivir en una nave que deambula por un espacio hostil. Lo que sucede cuando lo retórico y lo inconcreto, el lado emocional y abstracto de lo humano, todo lo que se sale de las etiquetas y los protocolos, acaban siendo un malgasto de energía que contradice el instinto de supervivencia. Pero entonces, cuando el tiempo se agota sin remedio, es el momento de pararse a escuchar; tomarse un tiempo que ya no queda para escuchar de verdad, con calma, más allá de los límites y las categorizaciones del entendimiento en los que nos envolvemos en nuestro intento de facilitarnos la vida. Porque escuchar y entender con calma nos puede abrir horizontes y salvarnos.

Hay muchas ideas embutidas en esta novela. Aunque, al final, sigue siendo lo que siempre quiero que sean mis libros: una historia, un viaje, una aventura de la que quieres conocer el final y, al mismo tiempo, no.

La verdad, estoy muy feliz de que al fin vea la luz. Es un libro que, irónicamente, escribí muy deprisa, en apenas un mes y poco. Es lo que tienen los plazos de entrega de los concursos. Pero no puedo estar más contenta con el proceso de edición, de corrección y de todo. Ha habido mucho mimo detrás de este trabajo por parte de la editorial y he disfrutado mucho del camino hasta aquí. La maquetación y el diseño de la edición física me tienen enamorada. Espero que a vosotros también os enamore la historia de Darsha, Veda, Antía y el resto de la tripulación de apátridas que se lanzaron al espacio en una nave robada en un intento desesperado de salvar a la humanidad.

Y ahora, un pequeño resumen de novedades.

Intermnemosis en preventa

Ya podéis conseguir por anticipado la novela en la web de Crononauta, en físico o en digital. Tenéis descuento si lo hacéis, y además recibiréis una postal, un marcapáginas y una chapa muy bonitas. El día 27 de junio saldrá oficialmente a la venta.

¿Me explicas lo bonito?

Presentación de Intermnemosis en Barcelona

Como ya viene siendo tradición, haremos la primera presentación de la novela en el templo, la librería Gigamesh de Barcelona. Será el viernes 30 de junio a las 18:30h. Además de lo genial del sitio, voy a estar muy bien acompañada porque estará la crack de Carla Plumed haciendo de presentadora del evento, y nos acompañará también Alicia de Andrés, la ilustradora de la pedazo de cubierta del libro. ¡Ganazas!

Cartel de la presentación

¡El audiolibro de Puedes llamarme Espátula!

Hace poco, Voicebuk anunció que en julio publicarán el audiolibro de Espátula. ¡Menudo notición! Además, he escuchado fragmentos y os puedo asegurar que Elena Torró ha hecho un trabajo espectacular.

¡Me voy al Celsius 232!

También en julio (parece que viene todo con mi cumple), este año volveré al festival literario de Avilés. Todavía no se han confirmado las actividades, pero allí estaré para daros la turra con mis libros, firmaros con mis bolis ridículos, beber sidra y comer cachopo. ¡Qué ganas!

Y eso es todo por el momento. ¡Abrazotes!

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