No te preocupes por mí

Foto propia

No te preocupes por mí si me ves caminando sola

en la linde del bosque, ni a un lado ni al otro.

Si me asomo entre las ramas que ululan, a las alas de los cuervos

 y luego salgo a la llanura de muros tibios y caminos de piedra.

No pienses que estoy confusa o que he perdido el norte

cuando gire buscando otro encuadre de estrellas

y las busque luego en las entrañas de las raíces,

si saco malas hierbas al sol y le busco colores a las espinas.

Aunque pase el tiempo, aunque la luz baje y caiga el rocío,

no pienses que yo caigo con él, descontrolada,

si me ves de puntillas, en equilibrio, ni a un lado ni al otro,

y me ves reír por las cosquillas del vértigo.

Aunque pase el tiempo, no lo pierdo.

Pues estoy, no aquí ni allá. Estoy estando.

Preocúpate, de verdad, si ya no hay risa ni juego.

Si cuando sople el viento me dejo aplastar por el árbol caído,

me dejo lapidar por las tejas sueltas

y me arranco la costra de las heridas.

Agárrame del brazo y oblígame a mirarte a los ojos

si dejo de bajar a la calle cuando aúllan los lobos.

Si ya no hundo los dedos en el pelaje indómito

y el escalofrío de madrugada ya no me sabe como un baile.

Si decir un nombre en alto ya no lo siento prohibido,

ni los cuentos de la hoguera me susurran mientras duermo.

Si todo lo que sale de mis labios es coherente

y todo lo que escribo está sin torcer.

Preocúpate pero con tibieza, en pasado,

como lo harías por alguien que ya no está.

Pues entonces se me habrá terminado de comer el miedo,

se me habrá terminado de llevar el río.

De dentro afuera, un mascar silencioso

que no dejará en mi cuerpo nada vivo.

Y si me ves andar recto no será por haber encontrado un rumbo, 

sino porque al final dejé de perseguir los bordes

y solo deambulé hasta dejarme caer, a un lado o al otro,

en el primer nido con el que se trabaron los pies.

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